N.A.S.A.L.
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Alejandro Garcia Contreras

Sin el impulso imperioso de librarse del dolor



"Faltan fuerzas a la alta fantasía; mas ya mi voluntad y mi deseo giraban como ruedas que impulsaba. Aquel que mueve el sol y las estrellas."
La Divina Comedia – Dante Alighieri

Así como en cada historia hay capítulos forzosamente tiene que haber un final para cualquier principio, un desenlace que se revela bajo sus propias condiciones siguiendo una secuencia de eventualidades o elementos que le permiten ser definido por la posteridad. Cada individuo escribe su propio relato a través de sus experiencias y sus debidas conclusiones, momentos donde la catarsis proviene de enfrentarse a uno mismo en vísperas de la consecuencia, en aquel estado de reflexión donde no queda más que rendirse ante la verdad. Si estar en el presente requiere de una aceptación del pasado, ¿cómo se podría concebir un futuro libre de repercusiones?

El filósofo Alan Watts (1915, Inglaterra) creía que la única manera de alcanzar un estado de plenitud como individuo era aceptando el dolor como parte intrínseca de uno mismo, sólo así se podría llegar a vivir en el momento sin estar atados a esa emoción que nos desvía de un distinto porvenir. En su libro “La Sabiduría de la inseguridad: Mensaje para una era de ansiedad”, Watts ejemplifica este desapego del conflicto emocional como un estado de completa aceptación, una manera de percibir la existencia como algo inevitable: “el misterio de la vida no es un problema a resolver, sino una realidad a experimentar”. Bajo esa misma premisa se podría argumentar que el personaje de Dante en la poesía épica de "La Divina Comedia" de Dante Alighieri tiene que experimentar las realidades del mismísimo infierno para alcanzar el paraíso y cumplir su deseo de encontrarse a sí mismo con su amada Beatriz, una experiencia que termina por renovar su fe en sus creencias y en la vida. En dicha obra el simbolismo juega un papel primordial, desde alegorías hasta referencias numerológicas, "La Divina Comedia" tiene una representación particular del número tres empezando por el hecho de que dicha historia se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, cada una referenciando un escenario que el personaje principal tuvo que recorrer para alcanzar la conclusión de su deseo.

Siguiendo la línea de una obra literaria o incluso de teatro, "Sin el impulso imperioso de librarse del dolor" se puede interpretar como un último capítulo o una conclusión en una especie de trilogía que se ha manifestado en diferentes etapas a lo largo del último año en la vida de Alejandro García Contreras, el autor de dicho relato que cobra vida a través de su apogeo e inescapable final. Así como Dante en La Divina Comedia, García Contreras tuvo que enfrentarse a sí mismo en diversos escenarios que fueron concebidos a partir de sus deseos y emociones, recorriendo dichos trayectos a partir de la intuición de saberse a sí mismo en dichas penumbras de la incertidumbre. Dándole forma al dolor y a las emociones, el autor de esta exposición logra transmitir un estado de plenitud a través de distintos escenarios donde la única verdad fue revelada al aceptarse a uno mismo a pesar de todo, un destello que permea cada obra que formó parte de esta narrativa repleta de simbolismos y alegorías personales.

A través de una reflexión personal podemos discernir un lenguaje forjado a partir de una sensibilidad intuitiva, un compendio de ideas y emociones que se vierten expresivamente sobre la materia para concebir posibilidades inexploradas en el terreno de lo entrañable. La complejidad de las composiciones que conforman este capítulo nos obliga a sumergirnos de lleno en cada detalle que entreteje sus propias historias, cada obra culmina con una invitación para viajar a un universo paralelo que puede ser tan lejano como cercano para cada persona que se vea reflejada dentro de ellas. Nuestra noción de el pasado cobra vida en las dinámicas referenciales de este cuerpo de obra constituido por obras recientes del autor, a lo largo de esta narrativa de singulares fantasías el espectador puede discernir distintas temporalidades dentro de la historia de la humanidad e incluso encontrarse a si mismo dentro de dichos desenlaces matéricos. Si existiera una llave para acceder a este universo paralelo tendría la forma de un espejo pues sólo a través de nuestra propia aceptación podemos recorrer este escenario hasta encontrar su final, esa conclusión donde el cuerpo de obra es revelado en su total veracidad y su existencia depende de la vida que cobrará una vez que alguien ajeno está dispuesto a experimentar su propia naturaleza de la misma forma.


Rodrigo Campuzano