N.A.S.A.L.

juana Córdova

REPORTE DEL CLIMA

Dos bandadas, tres bandadas, diez bandadas de aves planean bordeando la costa, una tras otra. A veces parece que estuvieran suspendidas en el aire, flotando. A cien metros sobre el nivel del mar vuelan directo en la línea de visión pelícanos y fragatas. Juana los sigue cotidianamente y conoce sus rutinas: dónde anidan, dónde comen, dónde duermen, cuándo vuelven. Y cuando mueren recoge sus huesos y los regresa a la vida recubiertos en pan de plata. En las piezas de la serie Coldspot esos esqueletos brillan y flotan como una especie de taxidermia galáctica, capturando para siempre el espíritu del animal y de la naturaleza.
En La Rinconada, el lugar inhóspito donde habita Juana, ella sabe que es la intrusa. Qué ahí residían desde mucho antes miles y miles de especies. Y ella, desde el observatorio que es su casa, sabe que cada cambio de temporada genera un ecosistema diferente, un cambio de clima… espera con expectativa cuál será la nueva plaga, qué especie aparece, cuál retorna, qué huella deja; y cuando puede, caza sus restos. Algunos incluso los recompone, como en Piel de la Soledad II.
Este reporte del clima es una selección de visiones micro de un macro inabarcable, es el resultado de una profunda sensibilidad artística combinada con la capacidad de observación de un científico. Es poner en un escaparate, como en un ensayo investigativo, el hábitat artificial y natural que ella va redescubriendo y reinterpretando. Su propio gabinete de curiosidades.
Desde siempre la artista ha tenido una honesta preocupación sobre el medioambiente, pero recorrer las playas como ritual personal y laboral, la ha enfrentado a la cruda realidad del estado del planeta. Espuma guarda todo eso que llega a la orilla, todo aquello que el agua de mar cubre y a la vez revela cómo lupa. Cada patita de cangrejo, cada plástico, cada concha, cada seaglass coexisten en esta marea. Juana replica estos mundos a partir del ejercicio metódico de recoger todo, de la acción diaria e incasable de caminar las playas y del gesto inútil de llevarse lo que no pertenece al lugar. El plástico parece reproducirse, no importa cuánto se limpie, siempre vuelve a llegar a las costas. Ahí convive con las maravillas del ecosistema marino, incluso a veces se mimetiza, tomando un carácter preocupantemente natural.
Juana también recolecta objetos naturales que le interesan por su materialidad. Su pasión por los materiales puros, por usarlos y mostrarlos como son y aprovechar su esencia, la llevan a realizar experimentos que resultan en piezas como las Neuronas, unos ensamblajes de palos secos que parecen replicas miniatura de ciertas escenas del bosque seco que rodea el área. Cada núcleo de estos objetos tiene una apariencia distinta, cada intersección remite a formas que pueden aludir a los nidos de comején, a protuberancias propias del entorno, a sustancias que emergen de ese bosque. Cada pieza creada por Juana denota su laboriosidad, su factura cuidada y delicada, su carácter obsesivo. El Levitador lleva cientos de alas de mariposas recolectadas, cuidadosamente puestas en resina una por una y luego tejidas entre sí. Es de la talla de la artista. Pero más que un chaleco, para ella es una armadura que imagina como una capa, una protección. Como muchos de sus objetos, su existencia sugiere algo mágico. A veces creo que durante ese tiempo y minuciosidad con los que Juana trabaja cada obra como un objeto precioso, le va otorgando las cualidades de un amuleto.
En este reporte del clima las costas están secas, el mar contaminado, las especies extinguiéndose; pero a pesar del tiempo nublado, la artista encuentra las fracturas por donde entra la luz y transforma la belleza mórbida del tiempo que le ha tocado vivir.

Pily Estrada Lecaro